21/12/09

No está permitido el amor

Tu cuerpo a contraluz se acercaba a mí lentamente. La cortina azul de mi cuarto daba un toque de magia a lo que nunca tuvo. Estaba sentada en el borde de la cama, desnuda, húmeda, abierta a ti. Tu desnudez coloreada con sombras azules se colocó delante de la mía. Me miraste y tus ojos ardían de deseo. Acercaste tus labios hasta los míos, que estaban repletos de promesas de mucho placer. Me besaste con una pasión que mis poros se electrificaron. Enseguida, mi mano fue a buscarte. Te encontró duro, erecto, rendido a las caricias que yo pudiera darle. Mis dedos empezaron a sentirte con una ternura increíble. Seguías mirándome y tus pupilas derramaban placer, al igual que los gemidos que se escapaban de tu boca. Sin dejar de mirarte y poniendo esa cara de niña que tanto te gustaba, te introduje en mi boca. Tu cuerpo se tensó y un gran suspiro –pues sabías qué iba a pasar exactamente- llenó de calidez a lo que siempre fue frío. Como para hacerme saber lo que estabas sintiendo, llevaste tu mano a mi entrepierna. Un dedo se coló por mis abismos. Luego otro. Un gemido voló en el aire. Y otro. Y otro. Y otro. Y otro. El ambiente se llenó de placer mientras jugábamos a que nos amábamos. Los vaivenes que producía mi boca estaban acompasados a los que seguía tu mano. Más, más, más, más, más, más, más, más… necesitábamos más. Pero ese punto estaba para prohibido para nosotros: no se les permitía jugar al amor a dos corazones sin espacio para dos.

3 comentarios:

David Nicolalde dijo...

Feliz Navidad, y continúa escribiendo el próximo y todos los años.

Selina dijo...

maravilloso
me hago seguidora
Feliz Navidad

^^

Selina dijo...

maravilloso
me hago seguidora
Feliz Navidad

^^