30/1/10

Mariposas


Hoy viene a ser como la cuarta vez que espero desde que sé que no vendrás más nunca. He vuelto a ser aquel cantar del aguacero que hizo casi legal su abrazo en tu cintura.

Tras acabar con mi rutina de café y tostadas, me dirigí al desván a buscar un álbum de fotos de mi infancia. Quería darle una sopresa a mi madre por su cumpleaños. ¡Dios! ¿Cómo era posible que tuviese tantas cajas? Y eso que ya hacía un mes que me había mudado... Armada con un pequeño cuchillo, abrí en las que creía que podía estar. Encontré algunos peluches, objetos y recuerdos de cuando todavía vivía con mis padres. Pero algo captó toda mi atención: un sobre, grande, desgastado, olvidado. El corazón se me llenó de recuerdos. ¿Cómo era posible...? Me senté en el suelo. Las piernas no respondían a las órdenes de mi cerebro.



Y tú apareces en mi ventana, suave y pequeña, con alas blancas. Yo ni respiro para que duermas y no te vayas.

Lo abrí con cautela, quizás con miedo de lo que sé que encontraría ahí, o puede que sea porque me aterrase la idea de que su contenido se hubiese marchado de ahí como él una vez lo hizo. De su interior, brotaron miles de mariposas grises. Sin que me diese cuenta, el ambiente adquirió el aroma de su cuerpo, de nuestra historia. ¡Mierda! ¿Y de dónde habían salido esas ganas de llorar? Tuve que respirar hondo varias veces. Con una valentía recién adquirida, cerré los ojos y metí la mano. Saqué un papel tan pequeño pero tan cargado de significado como un beso. Y leí: Eres tú, mi todo y mi nada...




Que maneras más curiosas de recordar tiene uno, que maneras más curiosas: hoy recuerdo mariposas que ayer sólo fueron humo, mariposas, mariposas que emergieron de lo oscuro bailarinas, silenciosas.

Se me cortó la respiración. ¿Cómo habíamos podido dejar que todo esto se esfumase? ¿Cuándo dejamos de ser nosotros para convertirnos en unos extraños? ¿Dónde habíamos perdido aquellas promesas? ¿Dónde olvidamos aquel amor? ¿Y aquella amistad? ¿En qué lugar del camino te dejé? Bueno, fuiste tú el que me dejó a mí. Y esa noche se coló por la ventana y el presente se convirtió en el pasado, y volvió a ser aquella fría tarde de primavera. Yo había llegado a casa después de estar en la biblioteca estudiando para mis exámenes como un día normal. Nada más subir a mi habitación encontré una carta encima del escritorio que llevaba escrito mi nombre en lágrimas. No sé por qué, nada más verla supe que pasaba algo. Fuiste muy breve en tu explicación, ya no querías estar conmigo. Punto y final. Ni un adiós, ni siquiera un te he querido mucho... Nada de nada. Sólo unas palabras que partieron en dos mi mundo.



Tu tiempo es ahora una mariposa, navecita blanca, delgada, nerviosa. Siglos atrás inundaron un segundo debajo del cielo, encima del mundo.

No te niego que siempre me pregunté qué había sido de ti. Cinco años dan para mucho. Con el tiempo, tuve que dejar atrás a la chica que era, y tuve que dar paso a la mujer hecha y derecha, con sus carreras y su piso. Desde aquel día, me he planteado muchas veces qué fue lo que falló entre nosotros, si fue mi amor el que hizo que tú te cansaras de mí. Pero hace mucho tiempo que dejé de torturarme. Y hace mucho tiempo que perdí la esperanza de que volvieras. Me encantaría volver a verte, y pasar toda una tarde en la cama, tumbados, contándonos todo lo que nos habíamos perdido, y que así la noche nos encontrara comiendo un bocadillo de tortilla mientras decíamos: ‘¿Recuerdas cuándo...?’. Tal y como hacíamos antes.Y que esos cinco años se hubiesen convertido en un día sin estar a tu lado...




Así eras tú en aquellas tardes divertidas, así eras tú de furibunda compañera. Eras como esos días en que eres la vida y todo lo que tocas se hace primavera. Ay, mariposa, tú eres el alma de los guerreros que aman y cantan, y eres el nuevo ser que se asoma por mi garganta.

Me senté en el suelo. Cogí una de las mantas más cerca y me abrigué con ella. Con mucho cuidado, como si fuese una nube, deposité el sobre en mis piernas cruzadas. Extraje de su interior varios dibujos que hicieron a mi mente volar hacia recuerdos ya difusos: un petálo y una mariposa, mi rostro, mi cuerpo, nosotros... También, rescaté un montón de momentos en clase, en los que habíamos dejado constancia de cuánto nos queríamos, de cuánto nos deseábamos, o de cuánto nos echábamos de menos. Un colibrí de papel, un clavel ya marchito, una mariposa, un barquito, un avión, un conejo... ¡Joder! ¿Por qué los únicos días en los que yo había sido realmente feliz eran porque tú estabas conmigo? ¿Por qué no he vuelto a rehacer mi vida como tú, seguramente, ya lo has hecho? ¿Por qué...? Puse la cabeza entre mis rodillas para calmar la tormenta de preguntas que me venían. No quería llorar. No podía seguir llorando. Ya no. Haciendo acopio de valor, levanté la cabeza para hacer frente al fantasma que eras en estos momentos, pero esa armadura se desvaneció en menos de lo que tarda en irse un segundo. Como si hubiese sido el propio Hado, yacía en el suelo, incitante, aquella pulsera de piedras rojas que yo nunca me quitaba de encima en aquella época. En su momento, me dijiste que cuando me quisiera deshacer de ella, que la lanzase lejos, pero nunca pude hacer eso. Quizás, era un intento desesperado de no perderte nunca, o no perderte del todo. Sólo quizás... En un impulso como los de antaño, me puse la pulsera en mi muñeca izquierda. Y hacía cinco años que no te sentía tan cerca.



Que maneras más curiosas de recordar tiene uno, que maneras más curiosas: hoy recuerdo mariposas que ayer sólo fueron humo, mariposas, mariposas que emergieron de lo oscuro bailarinas, silenciosas.

En un intento desesperado de volver a mi mundo ordenando y equilibrado en el que no estabas tú, guardé de nuevo esos recuerdos. No aguantaba más. Me fui al salón. Pensé en ponerme a escribir, pero tenía la certeza de que en todas las palabras se escondería él. Esto antes no hubiese sido un problema, porque todos mis escritos ganadores de concursos y de méritos eran gracias a él. Pero hacía ya tiempo que había decidido desterrarlo de mi corazón y por lo tanto, de mis versos. Opté por ver la televisión. En la Uno estaban dando una película. Bien, ahora mi mente podría descansar.

-Te amo –le dijo ella mientras se encontraba entre sus brazos.
-Y yo también, tanto... –le respondió.


Cambié de canal corriendo. No había sido una buena idea. ¿Y el telediario? Eso no me animaría mucho, pero sí haría que pensase en otra cosa. Tinerfeños, hemos de sentirnos orgullosos porque ha venido el Ballet Imperial Ruso a nuestro Auditorio de Santa Cruz.... ¡No, no, no, no! ¡Pero bueno! ¿Es que la televisión hizo un complot contra mí o qué? ¡Un documental! Eso sí que no le hace daño a nadie. Más animada, puse el canal de los documentales, pero no me duró mucho, porque el episodio que estaban dando era sobre los tipos de mariposas.
Respiré hondo. Un día de pura nostalgia lo puede tener cualquiera ¿no?





Tu tiempo es ahora una mariposa, navecita blanca, delgada, nerviosa. Siglos atrás inundaron un segundodebajo del cielo, encima del mundo.

Ya no tenía nada a lo que aferrarme. Con la angustia poblándome el cuerpo, empecé a dar vueltas por la casa. Mi cerebro llegó a la conclusión de que ya me había hecho madura, y que, como la adulta que era, podía perfectamente llamar a tu teléfono y mantener una conversación perfectamente. Podría empezar diciendo algo así como: Ey, que estaba buscando entre las cosas del desván y ¿a que no adivinas qué encontré? ¡Já, el sobre!
No. Mejor algo así como: Hacía tiempo que quería llamarte, y hoy he estado mucho tiempo pensando en ti y me preguntaba si… Decidida, cogí el teléfono y marqué los primeros dígitos de tu número –rezando porque siguieras teniendo el mismo.
De repente, sonó el timbre.
Haciendo una mueca, le dí a colgar, ya sabía yo que no era una buena idea…
Suspiré.
Metida en mis cavilaciones, abrí la puerta. Y esta vez, el Hado se estaba riendo de mí en todos los sentidos. Como una ilusión en un desierto, estabas TÚ delante de mí. Sonreías de un modo tímido. Te analicé de arriba abajo. Seguías siendo el mismo de siempre –o por lo menos en apariencia externa. ¿Qué hacías tú…? Pero mis pensamientos fueron interrumpidos por el revolotear de mariposas –las que antes habían salido del sobre- por la puerta. Ya no eran grises. Ahora eran de miles de colores.
Mis ojos se rebosaron de preguntas. Tú sólo atinaste a decir:
-Vaya, no me esperé que todavía siguieras llevando la pulsera…
Tu voz seguía siendo la de siempre.
¿Sería posible qué…?
-¿Puedo pasar? Me preguntaste cortésmente, con la esperanza como ojos.
Yo sólo atiné a retirarme un poco para pudieras entrar. Y cuando lo hiciste, pareció como si esos cinco años sólo hubiesen sido un día y nada hubiera cambiado entre nosotros.









P.D. Puede que muchas cosas del relato no las entiendan, pero es que fueron palabras dedicadas a él...

9 comentarios:

El Drac dijo...

Bueno pero el que estén todavía juntos, te brinda un tiempo que puede ser aprovechado para reencaminar las cosas. Un beso y buena suerte!!

David Nikolalde dijo...

mariposas azules...

Susurros en el silencio dijo...

Quizás todo se arregle y volvais a estar juntos... Un beso. =)

Anónimo dijo...

Simplemente (L)

Dejame que te cuente dijo...

Las palabras se entienden perfectamente...y tambien lo que quieres trasmitir con ellas...

la imagen de las mariposas azules tambien la tengo guardada...
me parece como un milagrod e la naturaleza...
dichoso aquel que se encontro con esa maravilla delante de sus ojos..
no te parece?..


saludos..¡¡

Claudia Hale. dijo...

Bff que preciosidad de texto. Me has echo recordar a mi él. Porqué todos nuestros él se van?
Ojala esos cinco años hubieran sido un día, él no hubiera mandado ese sobre, las mariposas no se hubieran teñido de gris y tú no te hubieras quitado la pulsera.
Ahora la que se inclina soy yo. ¡Me encantas!
:)

El aroma de tus versos dijo...

Maravillosamente maravilloso.... tienes el "don" de hacer creer a todo el mundo que ya no estamos juntos =/ tus palabras parecen tan reales....
Sabes que realmente siento muchísimo no dejar mi aroma en tu blog, no tanto como me gustaría pero también tienes el "don" de bloquear mis dedos con tus relatos, y de eso por lo visto no eres del todo conciente.
Tengo que admitir una cosa... ese halo de tristeza y/o melancolía que tienen tus escritos, ese que a veces me hace comerme tanto la cabeza y otras veces hace que me den ganas de coger un taxi de madrugada, me vuelve loco.

http://www.youtube.com/watch?v=BQ2U7_5TIYo

¿Recuerdas?

S'agapo(L)

El aroma de tus versos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
D. Viñas dijo...

vaya... lo siento, de verdad u.u

se gte echa de menos por bienvenidos al siglo XXI