29/1/11

Cuando me preguntaba cómo iba a morir, siempre supe que quería que el proceso fuera lo más rápido e indoloro posible. Imaginé dormirme y quedarme soñándote para siempre. Dibujé una muerte apacible, tranquila, feliz al tenerte en mi mente, sonriéndome, diciéndome que no tuviera miedo. Pero aquí estoy hoy, muriéndome lentamente, despedazándome poco a poco, con el dolor invadiendo todo mi cuerpo, con las lágrimas ahogando mis ojos, tumbada en la cama, sin poder moverme porque hasta el más mínimo gesto es demasiado doloroso. Me siento como si estuviera en el limbo, sin saber hasta qué punto estoy viva o muerta, sintiéndome muerta mientras que el dolor me recuerda que sigo viva. Los gritos queman mi garganta, no puedo chillar porque la voz me abandonó hace tiempo. Mis ojos amenazan con cerrarse, están demasiado hinchados como para seguir contemplando el techo de mi cuarto. Pero no quiero, no quiero cerrarlos para no contemplar tu recuerdo. Me has desgarrado el alma, has arañado mi corazón que bombea sangre en un vano intento de detener la hemorragia. Contemplo el funeral de mi corazón que ya está muerto, incinerado y enterrado. Pero yo sigo aquí, en la cama ahora descorazonada. ¡Vengan todos a contemplar a la mujer cuyo corazón ha sido arrancado con rabia! ¡Es un gran espectáculo, no se lo pierdan! Y me río, pero es una risa seca de estas que se oyen debido al eco que hay en mi pecho.

Y vuelvo a morir, y ya he perdido la cuenta de cuántas veces van…

1 comentario:

Nelly dijo...

Y volverá a pasar una cuantas veces más...pero ¿sabes? Algún día te levantarás y ya no dolerá. Sólo será una cicatriz más de lo que antes era la felicidad.
Un Beso :)